Como
dije en la entrada anterior, las sobrecargas son la antesala de una lesión si
no se trata a tiempo. Hasta que no nos duele algo de verdad no paramos. Y hablo
en plural porque creo que a todos nos pasa, y cuando digo a todos me refiero a
los que andamos metido en esto de la carrera. No se si en otros círculos se maneja
tanto empeño por continuar en la “tarea” pese ha notar los primeros síntomas de
un problema que se puede solucionar, sencillamente, parando la actividad unos
días. En este “mundillo”, no paramos hasta que el pie lo llevas arrastrando, y aun así, tiene que doler mucho
para parar.

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Emilio Azuaga |
Luego
vendrá el volver al deporte de forma gradual y progresiva. Pues si parar de
correr es difícil, lo de volver “despacito”, ni te cuento. A los tres días de estar
trotando, y si no te duele nada, estás
marcando ritmos. Y que al primer día de volver no te adelante el “matao” que
siempre va pisando huevos. Creo que nos pasa a todos. Tengo un amigo, Emilio Azuaya, que le gusta
entrenar por los montes, o por carreteras con cuesta pronunciadas. Puede ir
agotado, reventado, arrastrándose cuesta arriba, que como le adelante un
ciclista, va a por él. Oye, y lo alcanza, seguro; y no sólo eso, sino que llega
antes que él a lo alto de la cuesta, por muy larga y pronunciada que sea. Se
pica con su sombra el puñetero.
Como
dice el refrán: “Mal de muchos consuelo de tontos”. Así que haré lo que todos
hacemos. Empezaré tranquilito, oyendo al
cuerpo. Sin prisas, sin mirar a nadie; sólo disfrutando del paisaje, del Sol. Hasta
que…. “que leches, ya he descansado bastante, y las patitas están pidiendo caña.
Voy a dar sólo un par de vueltas a cinco minutillos. Bueno, y la última a
cuatro cincuenta, o cuarenta”… Como nos pasa a todos.
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En Villanueva del Rosario |